Sólo las chicas, entrevista a Florencia Ruiz y Flopa Lestani

Por Belén Iannuzzi


Luego de las minifaldas de Fabi Cantilo, de los rocanroles estridentes de Celeste Carballo y de la voz aguardentosa de Claudia Puyó, un nuevo par de músicas argentinas se afianza en la escena local independiente. Florencia Ruiz y Flopa Lestani: hipnóticas canciones susurradas, aires de folklore y algo de rock.


“La música es más importante que lo que tengo para decir”

Florencia Ruiz habla pausado y suavecito. Tiene 30 años, simpáticas canas que se abren como pentagramas en su cabeza, un novio “de toda la vida” ingeniero que la ayuda a arreglar sus equipos. Llega caminando al bar de la esquina de Rojas y Bacacay y pide un agua sin gas. No está pintada; no fuma; no tiene los jeans rotos; no dice “rock and roll, nena”; hace poquito decidió dejar de lado la silla y empezar a cantar parada, “es que antes me daba vergüenza, no me salía”, murmura. Trabaja como maestra de música en dos jardines de infantes. El Conservatorio de Morón le enseñó todo lo que la academia podía enseñarle sobre la guitarra. Pero la historia comienza antes, en las melodías que salían del bandoneón de su abuelo, en la guitarra que con una sola cuerda desafiaba sus últimos estertores en manos de Florencia y las de sus dos hermanos, también músicos.
Sus discos se venden en Japón, destino que la espera: está organizando para este año una gira que quiere “preparar bien, con todos los detalles”.

- ¿Qué música escuchabas cuando eras chica?
- Siempre Charly (García), tenía todos sus casetes. Nunca escuché música extranjera.
Desde chica escuché mucha música. Mis abuelos son músicos pero no se han dedicado plenamente a ella porque, viste, la música es siempre una profesión menor. Mi abuelo materno toca el bandoneón y yo pasaba todo el día ahí; así que empecé con ese instrumento con él, pero era imposible… tenía métodos de Matusalén más o menos; además es un instrumento muy complicado.
Así que, como en mi casa había una guitarra que tenía una o dos cuerdas, comencé a hacer canciones con esa guitarra, a componer, a los diez años.
Hacía música pero nunca se la mostraba a nadie, era como un secreto, mis amigos no sabían que tocaba, era muy tímida. Pero, con el tiempo y muchos años de psicoanálisis, decidí que iba a hacer algo con la música.
A los quince años me regalaron una guitarra, yo no sabía los acordes que vienen en las revistitas, inventaba mis cosas que, vistas a la distancia, eran algo muy experimental.


- ¿Sabías que ibas a dedicarte a la música?
- Hice la mitad del CBC de Letras y, gracias al psicoanálisis, lo abandoné… pero un sueño que tenía era el de ser escritora. Es difícil ser músico y plantearlo en una familia tradicional como la mía…
Durante diez años, estudié diez o doce horas por día de música, la vida era eso, o irse a dormir o a laburar. Y ahí entendí que era eso lo que quería. Para hacer mis discos, esperé a terminar el conservatorio, más allá de que mi música no se vio afectada por lo académico, pero en el fondo está.

- Querías hacer canciones…
- Sí. Aunque tuve una etapa más experimental, que está en mis primeros tres discos (Centro, Cuerpo, Correr). En mi último disco, Mayor, trabajé con la forma canción.

“Mis letras son sensaciones, hay temas en los que canto sólo tres palabras. Hay veces en las que siento que la música es más importante que lo que tengo para decir… creo que hay momentos de la historia del rock… por ejemplo, le tengo cariño a lo que hace Fabiana Cantilo, su disco Algo mejor tenía canciones que me gustaban. También me gusta Claudia Puyó. Hay un disco de Gabriela Torres que se llama Círculos de fuego, tiene tangos viejos y otros tradicionales, lo hizo en los noventa, y está buenísimo. Ella hace tango pero con una actitud medio rockera.
Con Carlos Villavicencio, que es el arreglador de los discos de Fito Páez, hablamos mucho del tema de las mujeres en el rock. A mí me gusta mucho la música de las mujeres, quizá más que la de los hombres; me generan otras cosas”, dice Flor, mientras mira pasar el tren por la ventana.

- ¿En dónde ubican tu música en las disquerías?
- En cualquier lugar… muchas veces aparece sin clasificación o world music, jazz.

- ¿Vos dónde la ubicarías?
- En “me da todo igual”, pero me siento más rock. No me siento cantautora, más allá de que hago canciones y toco la guitarra. Ahora hay toda una movida, se habla de los cantautores. Creo que eso tiene que ver con un discurso político o del amor, de aquello, de lo otro… yo hablo de cualquier cosa.
Me gusta mucho escribir y leer, pero no me siento una cantautora. Hay toda una movida de sólo tocar con lo acústico, y a mí no me va. Si yo tuviera a la Sinfónica de Berlín y al lado a una banda de heavy metal, los usaría a todos.


“El rock es tan machista como el resto de la sociedad”

Flopa es Florencia Lestani. Algunos melómanos del Oeste (donde “está el agite”) la recordarán por Mata Violeta, la banda que tenía con Erica García (dueña de un par de versos inolvidables en la historia del rock nacional: “Positiva, está todo muy bien o todo para el orto”) y Karina Tamburini. Pero eso es del pasado. Sigamos. Flopa hace canciones, toca en terrazas, en lecturas de poesía, en bares del conurbano. Su último disco, Emoción homicida, lleva a atmósferas íntimas y líricas. A Flopa le gusta la poesía. Y a la poesía le gusta estar en las letras de Flopa.

- Tu primera banda "conocida" fue Mata Violeta, ¿qué recordás de esa época?
- La recuerdo con cariño, la pasaba muy bien, tocaba el bajo, tenia 18 años y mucha energía. Vivía en Capital y viajaba casi todos los días hasta Haedo para ensayar, a veces tocábamos a las 3 de la mañana un jueves y el viernes a las 8 me estaba durmiendo en el escritorio del trabajo. La música también era muy enérgica, mucho volumen, hardcore, a los gritos. Y después me fui por lo que suele ocurrir en los tríos, hay dos patas por un lado y la tercera... es la vencida.

- Muchos artistas hablan de la música como “forma de vida” pero no como sustento económico, ¿se puede vivir del rock en la Argentina?
- Hablar de música me parece más interesante que hablar del rock en particular. De todos modos, hay bastante gente que vive del rock, y la mayoría ¡no son músicos! Es difícil encontrar un equilibrio entre hacer de la actividad musical algo sustentable y hacer concesiones para conseguirlo. Algunos estamos más o menos dispuestos a conceder o ceder en aspectos que hacen a las ideas y forma de vida de cada uno. Yo prefiero hacer lo que quiero cuando quiero; si eso alguna vez coincide con la prosperidad económica, será bienvenido.


- ¿Cuál creés que es el lugar de las mujeres en el rock nacional?
- El lugar de la mujer es el lugar que la mujer toma. Yo creo que si no hay más mujeres en el rock es porque les interesa más otra cosa. Es como un mandato social difícil de quebrar moralmente, ¿no? La familia, la casa, los hijos, la idea burguesa de la estabilidad, ser una profesional o trabajar en una oficina a sueldo está mejor visto y tiene más futuro que ser música de rock, que en el imaginario de la gente no deja de ser un ambiente vicioso, de putos y drogadictos. ¡Como si el de los empresarios o los médicos no! El ambiente del rock es tan machista como el resto de la sociedad, y esta pregunta y su respuesta tampoco escapan a eso, de hecho nunca se le pregunta a un tipo qué lugar ocupa el varón.
Hay una cuestión de vocación más que de género. Hay mucha gente frustrada en la vida que no siguió su vocación porque la vida se le vino encima o no se animó, hombres y mujeres, son elecciones que se toman o se dejan de tomar, y en general están relacionadas con el arte, que no es un oficio rentable por definición.


“Yo no tengo una educación musical formal, así que mi aprendizaje viene de mis compañeros musicales, desde que empecé a tocar a los 15. Lo novedoso para mí fue la apertura de compartir mis temas, de interpretarlos y cantarlos con otra gente, y viceversa”, desliza Flopa mientras pide un licuado de durazno y frutilla. Y se entusiasma: “Ahora está en la primera etapa de grabación un disco que estamos haciendo con Litto Nebbia, Emilio del Guercio, Roque Narvaja, Ariel Minimal, Gabo Ferro y yo. La idea es poner dos o tres temas de cada uno y ver qué sale de esa mezcla, donde predominan lo acústico y las voces. Un cruce generacional interesante, y una experiencia muy rica para mí el poder laburar con tipos que fueron pioneros del rock nacional; además de Gabo y Ariel que son amigos con los que tocamos habitualmente. Me considero una tipa con suerte porque puedo elegir trabajar con gente talentosa que admiro y quiero”.

- Composición tema: el disco. ¿Creés que va a desaparecer en esta era digital?
- No creo que el CD desaparezca en el mediano plazo, va a ser como el vinilo: se conseguirá de segunda mano. En sociedades de consumo más robustas que la nuestra hay gente dispuesta a comprar MP3 para descargar al iPod en vez de un CD. Acá todavía tenemos la idiosincracia del que le faltan siempre cinco para el peso: mientras se pueda conseguir gratis no hay razón para pagarlo. Por otra parte, hay quienes disfrutan del objeto disco y no van a dejar de consumir CD o vinilos. A mí los discos que me gustan mucho me gusta tenerlos, con cajita, arte, letras en papel y que ocupen un lugar físico en mi casa, como los libros.
Las discográficas tendrán que adaptarse a un nuevo modelo de comercialización de música, me parece que cuanto más se resistan al avance de la música digital sin soporte físico, se van a rezagar y más van a sufrir la transición, porque finalmente le van a encontrar la vuelta, armando sellos virtuales y cosas así. La industria se va a modificar aunque se patalee. La pregunta es ¿qué van a hacer los que fabrican CD, apoya- vasos?






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